Escribo, y cuando escribo nuevos territorios se forman en la geografía de las palabras. Escribo palabras que hablan de los amores que se cruzaron en mi camino, de los besos que florecieron en las muchas estaciones donde me bajé en busca de la felicidad. Nunca la encontré, pero viví historias de besos, caricias y adioses adoloridos que cambiaron mi destino. Escribo y se oyen en las palabras la risa perdida de mis otros yos, ecos de amores lejanos, voces olvidadas a la puerta de una noche en Madrid, el llanto de la tristeza lloviendo sobre mí y el latido suave de los nombres de las mujeres que amé. Y siempre al escribir la última palabra, escucho las voces de mis otras vidas cantando mientras se pierden a lo lejos.
Solo existe el presente tan incierto, tan seguro como lo que es pasajero, como lo eterno. Todo es presente. El presente es interminable a pesar del pasado, a pesar del futuro. Es un largo interminable ahora. Solo existe el presente. Lo ausente no es, aunque haya sido, aunque algún día sea. Solo existe el presente como yo entre la ausencia del ayer y la falta de mañana.
Quisiera compartir el silencio, perderme en una mirada, despertar la risa de alguien, ser la razón de su alegría, ser su noche y su día, querer al fin.
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